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A propósito del McMindfulness

En el discurso de inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, Federico García Lorca expresó su celebre frase “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro” [1]

Señaló así es su momento, la necesidad del desarrollo cultural en una época y un entorno privado de este tipo de alimento. De la misma forma, en nuestras sociedades occidentales actuales, fuertemente dispersas y distraídas (entretenidas en lo insustancial), se requiere de un nuevo alimento, que nos ayude a conectar con nuestra experiencia interior, con nuestra propia “fuente”. Antes no hacía tanta falta, de la misma forma que tampoco hacía falta hacer deporte por que la sociedad no era tan sedentaria como ahora.

El Mindfulness, ha venido a cubrir de forma extensiva esta necesidad. Como cualquier otra disciplina, se encuentra entre dos límites. Por un lado, puede mantenerse confinado en algún monasterio recóndito al otro lado del mundo sin que llegue a servir de alimento espiritual más que a una pequeña parte de la sociedad. El otro extremo, como señala Claude AnShin Thomas, monje budista zen estadounidense[2], es caer en el McMindfulness, la comida rápida de la espiritualidad. Esta banalización, es propia de nuestra época e incluso la podíamos comparar con una forma de “transgenización” que viene a representar que desde un nivel de conciencia superficial del biotecnólogo y con un pensar asociativo lineal, interviene en la parte profunda y orgánica de la vida para darle un carácter utilitarista y unidireccional (el arroz transgénico pretende cubrir la necesidad de vitamina A en poblaciones deficitarias, cuando lo saludable sería que añadieran zanahorias a su dieta, pero de esta forma la economía se reparte entre los productores locales y no ganan tanto dinero las multinacionales de la biotecnología). El punto de vista de AnShin es valioso, pero no representa la totalidad, ya que no tiene en cuenta que no todas las personas hacen un proceso similar al suyo y no aborda la sostenibilidad económica de la investigación, formación y difusión, dando por hecho que cobrar por ello es intrínsecamente negativo.

Por otro lado, no es menos cierto que en una cultura científica fuertemente materialista y mecánica, la tradición budista de la que procede Mindfulness, ha tenido que desprenderse de todos sus matices religiosos para poder superar el filtro del rechazo occidental a la meditación. Al igual que el arroz integral pierde buena parte de sus propiedades al descascarillarlo aunque resulta más cómodo de masticar, reducir la meditación a una técnica estandarizada es privarle de gran parte de su riqueza nutritiva. La meditación ha perdido parte de su esencia para ser aceptada en nuestro medio.

Ahora bien, una vez que la investigación científica ha validado ampliamente sus beneficios y así ha superado la barrera de entrada en empresas e instituciones diversas, nada impide que la meditación pueda ser, no sólo una técnica para aumentar la productividad, sino un genuino camino de autoconocimiento y transformación personal.

La actitud interior desde la que practicamos meditación nos permitirá reconstruir el carácter nutritivo y “sagrado” de la ejercitación del “estar presente”. Esto forma parte de la propia actividad, de la libertad interior del practicante.

Que la meditación se haya extendido en Occidente apunta a que hay una fuerte necesidad de sosiego interior. El McMindfulness quizás no sea el alimento más completo, pero es un alimento que cubre una necesidad cada vez más apremiante y sobretodo que permite visibilizar y aceptar culturalmente una práctica que de otra forma quedaría relegada a una población inquieta y atrevida pero minoritaria en Occidente.

En tiempos de Lorca, el poeta granadino pedía un libro como alimento cultural dando por hecho que ese libro sería alimento de cierta calidad, pero esto tampoco hoy está asegurado.

En la parte baja de lo insustancial, está reñido leer el libro de algún famosillo frívolo que ha sido best seller en nuestro país o quedarse empanado con alguno de los videojuegos adictivos. Hace unos días, impartí una clase de comunicación a profesionales sanitarios, de 25 asistentes, sólo tres conocían mindfulness y ninguno lo había practicado hasta entonces. Así está la cosa.

En mi opinión, el McMindfulness no es lo mejor, como no lo es la comida rápida respecto a la dieta mediterránea, pero es un adelanto respecto a la inacción o el despiste crónico de nuestra sociedad postmoderna. Y quedan muchos Romanceros, Quijotes, Faustos, Hamlets,... por leer y muchas horas de introspección por practicar.  Esa es nuestra realidad actual, la que estamos intentando transformar.

[1]   "No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. http://www.aulalibre.es/spip.php?article266

[2]   http://www.heraldo.es/noticias/sociedad/2016/12/05/que-nos-venden-ahora-mcmindfulness-comida-rapida-espiritualidad-1146363-310.html

Modificado por última vez enMartes, 21 Febrero 2017 11:32
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